Header Ads

header ad

Una introducción a la Cosmovisión Cristiana y Arte [parte 4]

Imagen de Bethel Music

NOTA DEL EDITOR: El presente texto fue escrito en el 2009 por el pastor Jonathan Muñoz (perteneciente a la IPCH) para ser expuesta en formato charla. Publicado en formato texto, dividido por partes, en Cantemos El Evangelio (2019) con su debida autorización.
LA REDENCIÓN Y EL ARTE

Es en este punto, recién, donde podemos responder a la pregunta ¿qué hacer con el arte entonces? Como vimos más arriba, la postura dualista, debido a que se salta el análisis de la creación, termina comprendiendo mal el daño que la caída ha hecho en el arte y, por lo tanto, el rol redentivo que nosotros, como hijos de Dios, debemos jugar en la esfera artística.

“Cristo vino al mundo para salvarnos de la culpa y del poder del pecado”. Con esta declaración breve podemos presentar muy sencillamente el centro de la redención, sin embargo, esta declaración, con todo lo verdadera y gloriosa que es, puede ser demasiado simplista si no se la entiende en el contexto del plan redentor más amplio de Dios.

Dios envió a Cristo para hacer nuevas todas las cosas (Ap 21.1-5), ya que un nuevo cielo y una nueva tierra son el plan redentor que Dios está ejecutando: una nueva creación. El centro de la creación es el ser humano, ya que él fue creado y puesto por Dios en el mundo para gobernarlo y ser cabeza del orden creado, por eso el pecado, que está en el corazón humano, afectó a toda la creación porque el centro de la creación es el corazón del ser humano. Pero esto también nos ayuda a entender por qué la obra central de Cristo fue librarnos del pecado, porque allí está la raíz del problema de todo el cosmos y Cristo se ha propuesto no sólo salvar almas, sino hacer una nueva creación (Ro. 8.19-23; Ef 1.710), pero para lograrlo se ha propuesto empezar por salvar nuestras vidas del pecado.

Esto implica que es el propósito de Cristo que en cada esfera la gloria de Dios vuelva a brillar como lo hacía la creación antes del pecado. Nuevamente, el arte no es la excepción. Cristo viene a redimir todas las cosas, reuniéndolas bajo su señorío y esto incluye la esfera artística. Lo interesante es que los instrumentos, sus sacerdotes, reyes y profetas, a través de los cuales Cristo reúne todas las cosas del cielo y de la tierra bajo sus pies somos nosotros: los creyentes. Por lo tanto aquí debemos nosotros comprender claramente cuál es nuestro papel como sacerdotes, reyes y profetas en la redención del arte (1 Pe 2.9; Ap 1.6; Ap 5.10).

Profetas-Sacerdotes del arte.

En primer lugar, debemos entender qué significa redimir el arte. Conforme ustedes ya pueden deducir a estas alturas, redimir el arte no significa hacer que todo arte tenga solamente un contenido “cristiano”, aunque desde otra perspectiva sí debemos hacer que todo el arte tenga un contenido y una forma cristiana.

Déjenme explicar: cuando digo “cristiano” (entre comillas) me refiero a un contenido exclusivamente soteriológico, o sea que hable sólo sobre temas relacionados con la salvación de nuestras vidas como individuos o como comunidad, temas como el amor del Padre hacia sus escogidos, la encarnación del Hijo de Dios, la muerte de Cristo en la cruz, su resurrección, su segunda venida, el llamado que el Espíritu nos hace, el nuevo nacimiento, la conversión, nuestra santificación, nuestra comunión espiritual con Dios etc. Son temas sobre los cuales nunca habrán suficientes manifestaciones artísticas para expresarlos porque son temas inagotables y hermosos en sí mismos. Sin embargo, es verdad que esos no son los únicos temas sobre los cuales el arte debe tratar. El ejemplo está en la misma Biblia: el Cantar de los Cantares es un libro de poemas eróticos; Ester es un relato histórico sobre el sufrimiento de una etnia perseguida con las aventuras relatadas de forma novelística y no nombra a Dios en ningún momento, aunque Él está presente en todo el libro.

Ahora, cuando digo cristiano (sin comillas), quiero decir un arte legítimamente cristiano en su contenido y en su forma. Y cuando me refiero a arte cristiano en su contenido, me refiero a un arte que trate tanto de temas soteriológicos como creacionales, sociales, románticos, psicológicos, etc. O sea, que hable sobre la hermosura de una ciudad (Salmo 122 y otros) o de paisajes campestres (varios salmos), las costumbres de una nación (Ester, algunas partes de Rut), una historia de amor de pareja (Rut, Cantares) o la denuncia y protesta social (como los oráculos proféticos de Amós) porque todos esos temas deben ser comprendidos desde una cosmovisión cristiana, o sea, bajo Cristo y el señorío de Su Palabra y en ese sentido, el arte que opte por este tipo de contenido será arte cristiano. En este sentido, un buen artista cristiano es un profeta-sacerdote que, bajo la revelación de Dios (la Biblia) interpreta el mundo y expresa su cosmovisión cristiana (la cual está fundamentada en la Palabra de Jehová) en sus manifestaciones artísticas y, como los levitas del tiempo de David, con sus instrumentos profetizan delante de Jehová (1 Cr 25.3).

Pero también el arte debe ser cristiano (sin comillas, de nuevo) en su forma, o sea un arte que sepa integrar muy bien los distintos aspectos de la realidad creada en sus expresiones porque así fue como Dios decidió reflejar su gloria en la creación. Les doy un par de ejemplos muy básicos y burdos porque no soy un especialista en arte: si el contenido de un cuadro es sobre temas alegres o retratando escenas de júbilo, sería más adecuado el empleo de abundantes colores, pero un cuadro que está hablando sobre un tema triste o trágico, como la muerte, tal vez sea más adecuado matices más oscuros. Así la forma y el contenido estarían debidamente integrados y unificados. Otro ejemplo es el uso de la música rock: un rock pesado puede ser un excelente vehículo para denunciar, protestar o llamar la atención a la sociedad sobre temas que la misma no quiere ver, pero pienso que no sería muy adecuado para expresar quietud, paz o reverencia y, por lo mismo, no creo que sea adecuada para el culto o la adoración. Ustedes ya pueden percibir, a estas alturas, que desde una cosmovisión cristiana consistente, el hecho de que un cristiano haga música rock que no sea sólo evangelística es perfectamente legítimo y un acto muy cristiano si el contenido es comprendido desde una cosmovisión bíblica y hay una correcta integración entre contenido y forma: como U2, P.O.D., Johnny Cash y otros.

Así, vemos que los cristianos somos llamados por la iniciativa redentora de Dios a involucrarnos en la redención del arte como profetassacerdotes, haciendo legítimo arte cristiano, según la definición que acabamos de dar. Teatro, poesía, música, pintura, escultura, cine… en fin, todo debe ser llevado a los pies de Cristo y ser un reflejo de su gloria, porque nuestro primer objetivo es glorificar a Dios y nuestro mayor anhelo, como pecadores salvos por gracia, es ver que la gloria de Dios es exaltada en el mundo en todos los aspectos y esferas de la creación; esto está en primer lugar, esta es nuestra mayor pasión porque somos sacerdotes del Dios Altísimo y la vocación del artista cristiano es entregar ante el Señor, como ofrenda, todas sus expresiones artísticas. En segundo lugar, también, está otro objetivo que sirve al primero: comunicar la gloria de Dios y la salvación en Cristo a quienes no creen en Él. El arte cristiano también puede y DEBE servir a este segundo propósito porque de hecho es una parte del primer gran objetivo. Haciendo esto, el artista cristiano está claramente cumpliendo una función profética nuevamente.

El problema de los dualistas con este punto está en el hecho de que, al no tener una comprensión del arte consistente con la cosmovisión Creación-CaídaRedención, hacen del segundo objetivo (evangelizar), el primero y, terminan en la práctica sin lograr bien ninguno de los dos objetivos (ni evangelizar ni glorificar a Dios). Por eso vemos, lamentablemente, que sobreabundan las canciones evangelísticas, las películas evangelísticas, el teatro evangelístico, etc. Pero que no evangelizan a casi nadie y la razón es que es arte mal hecho, cuya dudosa calidad no atrae a los incrédulos y peor aún: no glorifica a Dios. ¿Se convierten personas a través de estas expresiones artísticas “cristianas”? Sí, pero desde un análisis bíblico estoy convencido que más que convertirse A TRAVÉS de ellas, las personas se convierten A PESAR de ellas. Así, vemos que los artistas “cristianos” dualistas terminan siendo malos profetas y sacerdotes mediocres.

Reyes del arte.

Finalmente, una vez que hemos comprendido, a muy grandes rasgos, nuestro papel como cristianos que producen arte (sacerdotesprofetas) y en qué consiste en sí el verdadero arte cristiano, debemos preguntarnos ¿qué hacer con el arte producido por los nocristianos? Aquí entra, entonces, claramente, un tercer aspecto de nuestro oficio: el de reyes. Debemos como los hijos del postrer Adán, enseñorearnos sobre la Creación para hacerla nueva para la gloria de Dios.

Como ya vimos, el arte producido por nocristianos, aunque afectado terriblemente por la caída y el poder de Satanás, no debe ser desechado en su totalidad sino analizado, comprendido apreciado y, cuando corresponda, utilizado para la gloria de Dios. Esto es enseñorearnos como reyes y no como usurpadores ya que todo lo bueno, hermoso y artísticamente relevante en la esfera del arte (y en cualquier otra esfera) que los incrédulos producen pertenece a Cristo porque toda buena dádiva proviene de Dios (Stg 1.17). Y aquí volvemos a las preguntas del inicio de nuestra charla. Cuando llegue a nuestras manos un disco de una banda nocristiana, o tengamos la oportunidad de ir a una exposición de un artista plástico incrédulo o, incluso, si somos invitados a una obra de teatro escrita y actuada por impíos, debemos aprovechar la oportunidad para ir, analizar, apreciar, valorar lo rescatable y, si Dios te dio dones artísticos, crear algo original sobre aquello que te gustó o inspiró de esa obra de arte. ¡No copiar! ¡No hacer plagio! Sino llevar a la práctica esa difícil capacidad creativa que tienen los artistas de apoyarse sobre las ideas de otros artistas, pero para crear algo nuevo y original. Como reyes y sacerdotes que se enseñorean y que después ofrecen su botín como ofrenda al Señor.[1]

En este sentido, la mentalidad dualista peca en querer que los cristianos actuemos como si fuéramos refugiados – menores en cantidad y poder y prácticamente derrotados – en campo enemigo, simplemente aguardando que Cristo regrese. Pero esa no es la visión que Cristo presenta sobre la lucha espiritual hasta su segunda venida. Él siempre habla de esta guerra como una guerra victoriosa para el pueblo de Dios, donde las puertas del infierno no prevalecen contra la iglesia (Mt 16.18) y donde toda la autoridad YA le ha sido dada a Cristo en el cielo y en la tierra (Mateo 28.18) y, por lo tanto, todo lo que debemos hacer es IR, no encerrarnos, no detenernos, sino IR y agresivamente atacar las puertas del infierno.

Somos reyes de la nueva creación y, por lo tanto, no debemos temer el hecho de realizar un buen análisis del arte que nos rodea, desechando lo malo y aprovechando lo bueno (1 Ts 5.21). Cuando un cristiano consistente toma en sus manos una pieza de arte para interpretarla bajo su cosmovisión cristiana, lo que está haciendo es una proclamación gloriosa: “Esto es de Cristo, le pertenece a mi Señor y me arrogo el derecho, como heraldo suyo, de interpretarlo no a la luz de perspectivas subjetivas, sino a la luz de la infalible revelación de Dios, la cual es la Verdad que desnuda todas las cosas”.

Hebreos 4.12 dice que “la Palabra de Dios es eficaz y discierne hasta los pensamientos y las intenciones del corazón”. Cuando un cristiano hace uso de su cosmovisión cristiana consistente (o sea, BÍBLICA) para analizar e interpretar lo que está a su alrededor, incluso el arte, lo que está haciendo en realidad es tomar posesión como un rey, con la espada de la Palabra de Dios, de aquello que le pertenece a Cristo, el Señor de señores.



[1] Acerca de tomar y aprovechar las formas artísticas de los impíos, debemos ser cautelosos y asegurarnos que hemos hecho, primero, un buen análisis de las tendencias artísticas que los incrédulos representan, sobre todo en el aspecto de la integración forma/contenido, ya que puede darse el caso de que una determinada forma artística (tendencia, escuela, etc.) no sea adecuada para expresar el contenido cristiano, ya que, por ejemplo, una forma extremadamente fragmentada, que es en sí misma anti‐forma, como la del pintor Jackson Pollock, muy probablemente no podrá expresar verdades, ya que es una forma que en sí misma no puede ni quiere expresar nada. Por eso, muchas veces será necesario no sólo analizar sino también re-interpretar o deconstruir no sólo las obras individuales sino las tendencias que ellas representan.

No hay comentarios

Con la tecnología de Blogger.