Cultura y Adoración: una conversación en pro del Evangelio

Imagen desiringgod.org

Los siguientes párrafos no pretenden ser extensivos, sino más bien reflexivos hacia un tema actual que nos compete a todos: ¿Cómo hacer que el evangelio fluya a través de la cultura?

El cristianismo al igual que cualquier otra religión en el mundo, tiene un origen definido el cual se haya inserto dentro de un contexto histórico y cultural dentro del tiempo y el espacio. En el caso del cristianismo este contexto es el oriente medio del siglo primero, específicamente después de la muerte y resurrección de Jesucristo. Aunque este contexto histórico es un hecho verídico, sin embargo su contexto cultural no es inmutable, ya que la cultura por definición es algo que cambia de forma gradual, en muchas formas hasta rápida y drásticamente de un lugar a otro.

Si bien es cierto el fundamento del cristianismo, sus dogmas, principios y estatutos para la vida y la piedad no cambian de una cultura a otra, la forma en la cual la religión es expresada si cambia de acuerdo al molde cultural en la cual se inserte. Esto querámoslo o no genera una situación paradójica que debemos enfrentar con sabiduría. La paradoja por tanto se genera en preservar la ortodoxia propia de la religión cristiana y adaptar esta ortodoxia a los distintos contextos culturales donde desee expresarse. Esto debe ser realizado con inteligencia y versatilidad en orden de mantenerse fiel al testimonio de las Escrituras y ser a la vez relevante a las culturas contemporáneas.

Esto por tanto genera las siguientes preguntas, ¿Qué sucede cuando el cristianismo insiste en mantener sus fundamentos, a la vez manteniendo sus formas culturales originales sin importar en la nueva cultura que se encuentre inserto?, ¿Qué sucede cuando los cristianos ven esta tensión como un desorden caótico, rechazando sus constantes demandas de revisar nuestras prioridades y revisitar preguntas que puedan ser desafiantes al respecto?, todo esto genera crisis.

Esta crisis por tanto comúnmente generara dos respuestas dentro de las iglesias:

1.    El primer tipo de iglesia tratara de resolver la tensión entre la fe y la cultura, mezclando ambas cosas y creando un sistema que mezcle las prácticas culturales del lugar y las creencias bíblicas sin discernir o filtrar, tratando de adaptar lo mejor de ambas. En términos simples generar un sincretismo religioso. Lamentablemente dicha práctica genera que las comunidades de fe en aquellos lugares pierdan su efectividad en ser agentes de cambio, ser "Sal y Luz" en medio de las naciones (Mateo 5:13-16) a la vez estas iglesias están renunciando a su llamado a reformar la cultura con su comportamiento. Esto como conclusión generara iglesias que en vez de ser diferentes del resto, imitaran las conductas impías de su contexto, apagando la luz por tanto del evangelio.

2.    El segundo tipo de iglesias han adoptado el camino opuesto, han separado a la iglesia de la cultura, muchas veces en oposición directa. Esto genera la mentalidad de que se debe "practicar la fe en las formas más puras y antiguas posibles"  o "Lo antiguo era mejor que lo actual". Esta idea aunque muy buena en el sentido de doctrina y piedad, es muy mala en sentido de prácticas culturales, ya que trata de recrear la forma cultural del cristianismo antaño o primitivo en un ambiente que no es, generando nuevamente una crisis, la cual en la mayoría de los casos en vez de generar vidas consagradas a la causa del evangelio, generara un tradicionalismo excesivo y un marcado legalismo.

¿Cómo podemos relacionar la fe del cristianismo y la cultura en la cual ella desea insertarse sin provocar una crisis?

La respuesta aunque sencilla es muy profunda, esto se logra "manteniendo una conversación con la cultura" en donde aprovechemos sus distintos rasgos y características para promover un cristianismo que comunique de forma efectiva y contextualizada el mensaje de salvación y esperanza en Cristo.  Esto significa que no trataremos de mezclar fe y cultura  sin discernir lo bueno o malo; tampoco trataremos de apartarnos de la cultura solo porque no la entendemos. Sino simplemente que usaremos los elementos propios de la cultura como plataforma para que el mensaje del evangelio llegue sin impedimentos a los distintos contextos, mientras mantenemos la pureza del mensaje cristiano. En palabras de Pablo:

Aunque soy libre respecto a todos, de todos me he hecho esclavo para ganar a tantos como sea posible. Entre los judíos me volví judío, a fin de ganarlos a ellos. Entre los que viven bajo la ley me volví como los que están sometidos a ella (aunque yo mismo no vivo bajo la ley), a fin de ganar a estos. Entre los que no tienen la ley me volví como los que están sin ley (aunque no estoy libre de la ley de Dios, sino comprometido con la ley de Cristo), a fin de ganar a los que están sin ley. Entre los débiles me hice débil, a fin de ganar a los débiles. Me hice todo para todos, a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles. Todo esto lo hago por causa del evangelio, para participar de sus frutos[1]

Este tema por tanto abarca todo el quehacer cristiano y eclesial. Una tarea que día a día debemos hacer en orden de que muchos conozcan a Jesús como Señor y salvador. De forma especial, tomaremos como ejemplo la adoración, y como esta puede insertarse en las diferentes culturas sin perder su esencia. Nuevamente este no será un análisis exhaustivo sino el punto de partida para la conversación. Expondré los dos puntos que creo a opinión personal son los más relevantes al respecto.

1.    LA ADORACIÓN CRISTIANA ES EN ESENCIA TRANSCULTURAL: Esto quiere decir que el mensaje del evangelio de Jesucristo, el centro de la religión Cristiana no es solo apropiada para una cultura, sino para "las culturas". Pensar que el mensaje de Cristo era solo para los habitantes de medio oriente por su similaridad cultural es mentira, el mensaje es en sí mismo Acultural, por tanto al igual que el agua, es capaz de adaptarse en todo contexto y cultura. Esto queda claramente demostrado en las palabras que Jesús dijo a sus discípulos antes de ascender a los cielos "Y recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo y me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, en samaria y hasta lo último de la tierra"[2]. De la misma forma la adoración cristiana es substancia en sí misma para toda persona en todo lugar. En todas sus diversas formas de expresión, va más allá de las barreras culturales. Quizás la forma más fácil de entender este concepto es pensar en las distintas formas de realizar la liturgia cristiana alrededor del mundo; desde el lugar para realizar el culto, la duración, la estructura, la música,etc. Cada una de ellas adoptada de forma singular. Culturas más frías serán más racionales e ordenados en su expresión, mientras que culturas más cálidas serán más espontáneos y expresivos, ninguna siendo mejor o peor que la otra, todas ellas siendo vividas expresiones de nuestra unidad y diversidad dentro del cuerpo de Cristo.

2.    LA ADORACIÓN CRISTIANA ES CONTEXTUAL: Nunca fue la intensión de Jesús que cada comunidad de fe fuera una réplica exacta la una de la otra, sino que cada una desarrollara dentro de su contexto las características propias de sus habitantes, de sus costumbres y de sus geografías. Cada iglesia por tanto debe en si misma ser autóctona. No podemos imponer sobre otros una cultura que no es propia del lugar, no podemos en términos sencillos "occidentalizar" u "orientalizar" el mundo. La labor del ministro del evangelio es por tanto ser consciente de estas diferencias y permitir que el evangelio fluya a través de los distintos rasgos culturales, haciendo uso de ellos para que las comunidades adoren. La adoración por tanto refleja patrones locales de lenguaje, vestimenta, arquitectura, gesticulación, música, etc. Quizás el mejor ejemplo para reflejar esto es considerar la misma encarnación de Jesús.  En su libro sobre adoración global, Charles Farhadian escribe sobre la importancia de "Apreciar la inmensa variedad de expresiones de adoración cristiana en orden de tomar seriamente el contexto social y cultural que forma parte significativa de la adoración…. enfatizando en la cultura el potencial para una buena adoración y no el problema para una buena adoración"[3] 

Dos principios que nos pueden ayudar son los siguientes, El primero es realizar equivalencias de valor/función. El segundo principio es el de asimilar creativamente dicho principio utilizando elementos propios de la cultura. Tomemos por ejemplo el querer hacer música congregacional para una comunidad en el medio oriente. Lo que deseamos lograr es la re-expresión de un componente cristiano dentro de un contexto diferente. Deseamos por tanto que aquellas comunidades de fe canten alabanzas a Dios, pero que lo hagan de una forma adecuada a su realidad. Para ello por tanto usaremos estilos musicales, instrumentos de aquellos países, sonoridades, fraseos, incluso formas literarias apropiadas a su contexto geográfico y cultural. Esto por tanto generara que dichas comunidades no pierdan su esencia y a la vez mantengan una unidad en torno a lo central de la fe. Estas dos razones aunque no extensivas, nos ayudan a comenzar a pensar en cómo la cultura y la adoración pueden y deben conversar.

Finalmente el debate no abarca solamente la adoración, sino el quehacer completo de la iglesia, una iglesia que desea por todos los medios posibles ser fiel al evangelio y alcanzar a los perdidos. Espero que esta pequeña reflexión anime sus corazones a involucrarse en ser agentes que vivan vidas que sean luz y sal donde Dios les haya puesto o a donde Dios les esté llamando.




[1] 1 Corintios 9:19-23 (NVI: Nueva Versión Internacional)
[2] Hecho 1:8 (RV60: Reina Valera 1960)
[3] Farhadian, Charles E., Christian Worship Worldwide :Expanding Horizons, Deepening Practices, 2007. Grand Rapids: Eerdmans, x.

Begoña Sánchez JiménezESCRITO POR DAVID MUJICA
Miembro del Equipo de Alabanza de la Iglesia Bautista La Calera (IBC) y parte del equipo de la organización misionera OM CHILE.

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