Reflexionando sobre la composición para nuestras iglesias locales

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Siempre cuando inicio el proceso para comenzar a escribir el texto de una canción, me enfrento a un problema. Esta crisis se debe a algo bastante simple que involucra algo muy complejo: mi finita capacidad humana de creatividad versus la infinita gloria, majestad, poder y supremacía de Dios sobre todas las cosas. Me siento sobrepasado cuando reflexiono en los atributos de Dios o en como Él nos ha salvado. ¿Cómo puedo describir en un estribillo su misericordia que es nueva cada mañana? ¿Cómo puedo describir en una oración su infinito poder? ¿Cómo puedo describir sus atributos sin caer en vanas repeticiones al cantar? Creo que estas preguntas y muchas otras más, incluida esta crisis que planteo, deberían suceder en todo cristiano que se dedica a la música para la iglesia local.

Reflexionando en la forma que componemos sobre Dios

En una ocasión A.W Tozer escribió: «Librados a nuestros propios impulsos, tendemos inmediatamente a reducir a Dios a los términos manejables. Queremos ponerlo donde lo podamos utilizar, o al menos saber dónde está cuando lo necesitamos. Queremos un Dios que podamos controlar en cierta medida. Necesitamos la sensación de seguridad que procede de saber cómo es Dios, y por supuesto, lo que pensamos que Él es, resulta ser una composición de todas las imágenes religiosas que hemos visto, todas las personas buenas que hemos conocido o de las que hemos oído hablar, y todas las ideas sublimes que hemos acariciado»[1]. Tozer no estaba equivocado, cuando queremos describir a Dios siempre usamos palabras sencillas, de fácil acceso para todos. Esto es bueno, debemos recordar que la música tiene fines pedagógicos. Sin embargo, el problema es que caemos accidentalmente en un reduccionismo que no busca mal, pero sí puede traer consecuencias de simplicidad. Por ejemplo: al ver la incomprensible santidad de Dios, desde una visión crítica con la composición como lente, ¿Es óptimo repetir una y otra vez – durante minutos – “Tú eres Santo”? o ¿Sería mejor elección cantar el himno Santo, Santo, Santo escrito por Reginald Heber? Reflexiona en este ejemplo y cuestiona objetivamente ¿Cuál de estas dos opciones es mejor elección para cantar sobre la santidad de Dios?

Independiente de la elección que tomes, tenemos que afrontar la gloriosa verdad sobre la singularidad de Dios. Sobre esto el cantautor Matt Redman escribe: «Dios no tiene absolutamente ninguna necesidad de nuestras ofrendas. De hecho, cada una de las cosas que nuestras manos le dan a Él (...) primero llegó a nosotros de Su mano. Aún las canciones de alabanza que le cantamos, usan el mismo aliento que Dios primero nos dio»[2]. Charles Spurgeon predico de manera desafiante: «¿Piensan los hombres que el Señor necesita banderas y música, incienso y lino fino? Si fuera así, las estrellas levantarían su estandarte, los vientos y las olas serían su orquesta, diez mil veces diez mil flores exhalarían perfume, la nieve sería su alba, el arco iris su cinto, las nubes de luz su manto. ¡Oh necios y tardos de corazón, adoráis lo que no sabéis!»[3]. Ante esto el apóstol Pablo nos recuerda y consuela diciendo que Dios ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo. Por el contrario, él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas[4].

Es verdad que Dios no necesita nuestras composiciones, pero a Él le agrada cuando Su pueblo le canta. A pesar que Dios tiene todo bajo su dominio, lo que vemos y no vemos. ¡Dios ama nuestra alabanza dedicada a Él, e invita a Su pueblo a hacerlo! ¡Que invitación más gloriosa y misteriosa es ésta! No puedo evitar pensar en pasajes del libro de Isaías, tales como: “Traigan a todo el que me reconoce como su Dios, porque yo los he creado para mi gloria[5], “El pueblo que yo he formado para mí proclamará mi alabanza”[6], Yo, yo soy el que borro tus transgresiones por amor a mí mismo, y no recordaré tus pecados[7]

Dios es su propio intérprete

Cuando tratamos de escribir una canción, estamos – de alguna u otra forma – interpretando quien es Dios. Ciertamente nuestros escritos son insuficiente, pero aun así, Dios nos invita a cantarle. En este punto, ¿Cómo puedo mejorar mi interpretación sobre Dios? El compositor William Cowper una vez escribió Dios es su propio interprete[8], ¡cuánta razón tenía! La única forma de interpretar o escribir sobre Dios de manera efectiva, es teniendo comunión con Él. Conociendo que dice Dios sobre Dios en la Biblia, recordemos que toda la Escritura es inspirada por Dios[9].

Como músicos que sirven en las iglesias locales, necesitamos asumir este deber de profundizar en las Escrituras. De leer, leer y leer y estudiar, estudiar y estudiar sin cesar. Cuando tomamos esta práctica debemos preguntarnos:

-       ¿Nuestros cantos nos sumergen en el esplendor de Dios?
-      Las canciones que componemos o escogemos ¿animan a la congregación a adorar en gozo reverente?
-     Si tenemos acceso a la revelación completa, toda la Biblia de principio a fin ¿sería óptimo para congregación repetir una frase cantada una y otra vez?

¿Quieres escuchar la voz de Dios interpretándose a sí mismo para luego interpretarlo tú en canciones? Pues… ¡lee tu Biblia en voz alta!

En Jesús: A pesar de nuestra finitud, Dios nos invita a su infinitud

Me consuela y alienta el ver domingo a domingo, en cada servicio cultico de la iglesia local. Que Dios se deleita en nuestra alabanza, aun en nuestras limitaciones para describirle en el canto. ¡Cuán grande es su amor por nosotros!

Cada vez que ofrecemos nuestra alabanza, ésta es perfeccionada por medio de Jesús, el autor de Hebreos lo dijo así: Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe[10]. ¿Qué es la fe?, pues la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve[11]. Esto es lo que cantamos, nosotros cantamos en fe y sobre nuestra fe en Jesús. Recordemos que nuestros cantos no están completos en sí y por sí mismos. Sólo se vuelven aceptables ante Dios sobre la base de lo que Jesús ha logrado en la cruz.

Conclusión: Esforcémonos por mejorar nuestras composiciones sobre Dios

Quiero animarte a componer para Dios, esforzarte en ser fiel a las Escrituras. No me importa si llevas años o días en la composición, este consejo es para ti: ¡Que tus composiciones sean reflejos de la Biblia!

Te animo a estudiar y cantar los salmos, analizar los himnos que hemos heredado con el tiempo, estudiar de forma complementaria libros sobre teología y escribir en tu libreta alguna frase que te llamo la atención para usarla posteriormente en tu próxima composición.



[1] A.W Tozer, El Conocimiento del Dios Santo (Editorial Vida: 1996) p. 13
[2] Matt Redman, Postrados en Adoración (Editorial Peniel: 2006) p. 32
[3] Charles Spurgeon, El Tesoro de David (http://www.iglesiareformada.com/Spurgeon_Tesoro_David.pdf) p. 242-243
[4] Hechos 17:25 (NVI)
[5] Isaías 43:7a (NTV)
[6] Isaías 43:21 (LBLA)
[7] Isaías 43:25 (LBLA)
[8] William Cowper, himno: Dios se mueve de formas misteriosas
[9] 2 Timoteo  3:16
[10] Hebreos 12:2a (NVI)
[11] Hebreos 11:1 (NVI)

Begoña Sánchez JiménezESCRITO POR AARON CASTRO (twitter @aaroncastro___)
Esposo y profesor de música. Sirve en el equipo de alabanza de Iglesia UNO. Cantautor de alabanza congregacional. Fundador y Director de Cantemos El Evangelio.

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