¿Estamos adorando al Dios verdadero o estamos adorando otra cosa?

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La adoración importa, todos y cada uno de nosotros concordara en que esta declaración es cierta no solo para nuestra generación, época o cultura, sino para toda generación, época o cultura. La adoración importa por dos razones fundamentales, la primera es porque la adoración es la meta fundamental para la cual fuimos creados cada uno (Sal.113:1-4), y en segundo lugar porque cada persona, en todo lugar y momento está adorando ya sea una cosa o a alguien. Por tanto, la adoración importa porque fuimos creados para ello y porque lo hacemos a cada momento seamos conscientes o no de que estamos adorando.

Por tanto, la pregunta primera con respecto a la adoración no es si adoras o no, de hecho, podría decirse que todos adoran. La pregunta es otra y es ¿Estamos adorando al Dios verdadero o estamos adorando otra cosa?, aquello debiera hacernos meditar, debiéramos antes de adorar pensar en esto, no solo una vez, sino constantemente.

En una ocasión, se le pregunto a Jesús ¿Cuál era el más grande mandamiento? (Mat.22:34-37), a lo cual Jesús respondió “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alama y con toda tu mente”, por tanto, para Jesús la adoración consiste principalmente en amar, aquello que amemos más se convertirá y demostrará ser en última instancia nuestro “Dios”, sea que lo amemos un momento, una vida o una eternidad.  Si amamos al Dios verdadero como Jesús nos enseña, le adoraremos. Sin embargo, si amamos o deseamos algo por sobre Él, aquello que amemos o deseemos se convertirá en nuestro “dios”, en un ídolo, en un falso dios al cual rendiremos culto.

Todos los ídolos prometen satisfacernos, hacernos felices y traernos paz, cada vez por tanto que creemos aquella mentira permitimos que ellos nos controlen y permitimos que ejerzan autoridad sobre nosotros. Vemos así por tanto que todos adoramos, cristianos y no cristianos, todos por igual.

Por ningún motivo podemos pensar que solo los no cristianos adoran falsos dioses, lamentablemente y tristemente, los cristianos también lo hacen, nosotros que profesamos amar a Dios también lo hacemos, más frecuentemente de lo que nos gustaría admitir. El antiguo testamento está lleno de ejemplos de Israelitas adorando a Dios al mismo tiempo que adoraban dioses falsos. Por ejemplo, vemos en el Monte Sinaí, cuando Moisés estaba recibiendo los diez mandamientos, al pueblo adorando un becerro de Oro que ellos mismos habían construido con sus manos (Ex. 32:1-14). Aquí vemos a los israelitas profesando estar adorando al Dios que los había rescatado de la esclavitud de Egipto, sin darse cuenta que estaban adorando una falsa imagen, un ídolo, en su adoración no estaba el Dios verdadero. ¿Cuántas veces no hemos hecho eso nosotros?, con nuestros labios profesamos adorar a Dios, sin embargo, estamos adorando otra cosa, estamos adorando falsamente, estamos lejos de estar agradando a Dios. Continuamente a través del antiguo testamento los profetas exhortaron al pueblo a dejar de adorar ídolos, aun en el nuevo testamento se nos exhorta a ello, por ejemplo, leemos en el último versículo de la primera carta del Apóstol Juan “Hijitos, guárdense de los ídolos, amen” (1 Juan. 5:21).

Entonces, ¿Cómo ocurre esto? ¿Como siendo cristianos terminamos adorando ídolos? Decimos amar a Dios, pero nuestras acciones y pensamientos lamentablemente atestiguan en nuestra contra, mostrándonos que amamos y adoramos otras cosas. Fundamentalmente esto sucede porque el Dios al que decimos adorar es un Dios muchas veces al que solo profesamos y no vivimos. Así por tanto tenemos también a la par de nuestro Dios verdadero, dioses funcionales para muchas cosas, a los cuales servimos. Como cristianos decimos amar y adorar públicamente al Dios que envió a Jesús a morir por nuestros pecados para redimirnos, pero luego corremos de vuelta a los mismos pecados por los cuales Cristo vino a morir a fin de liberarnos. Así nuestro mayor problema en la adoración sea esta individual o corporativa no está tanto en si el líder de alabanza es más o menos preparado, o si la guitarra esta afinada, o si tocan las canciones que me gustan o no, o nuestras circunstancias o las personas, nuestro mayor reto y problema se encuentra en nuestra IDOLATRIA. Esto es lo de vital importancia, cada día preguntarnos y examinarnos a la luz de la escritura y decir ¿A quién estoy amando más, a Dios o a otra cosa? ¿A quién estoy adorando a mis ídolos a al Dios que me dio salvación eterna y me adopto como suyo para su gloria?

Entonces ¿cómo lidiamos con la idolatría que nos impide adorar a Dios?, tratare de dar algunas pautas que espero nos ayuden cada día a batallar con esto y a la vez nos permita amar más comprometidamente a nuestro gran Dios.

1.  Reconozcamos nuestra pecaminosidad a cada momento: “Soy un gran pecador”, debiera ser una declaración constante en nuestros labios, pues lo somos. Somos pecadores salvados por gracia, somos pecadores redimidos por amor, somos pecadores que sin Cristo están completamente perdidos y destruimos. ¡Al igual que Pablo debiéramos decir en Romanos 7, versículo 24 “Miserable de mí! ¿Quién me librara de este cuerpo de muerte?”. Esto nos permite no confiar en nuestra propia justicia, sino en la justicia de Cristo, esto nos hace dependientes completamente de la gracia de Dios y su provisión para nosotros.

2.    Demos Gloria porque tenemos un Gran Redentor:  Pablo continua en el versículo 25a “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” y continua en el capítulo 8 versículo 1a “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”. Así es, aunque nuestra pecaminosidad es grande, tenemos a un redentor más Grande, aunque nuestros pecados nos aflijan constantemente, tenemos a un fiel sumo Sacerdote quien intercede eternamente por nosotros. Esto nos da esperanza de que no estamos completamente desamparados, y aunque nuestra inconsistencia al caminar sea grande, creemos que Dios está haciendo una obra en nuestro interior por medio de su Espíritu.

3.    Confesemos nuestras debilidades unos con otros: Es bueno y necesario confesar nuestros pecados con otros, confesar nuestras luchas y nuestras flaquezas, así podemos como Pablo decir “muy gustosamente me gloriarme más bien en mis debilidades, para que repose en mí el poder de Dios” (2 Cor.12:9). De este modo hacemos que la gente deje de vernos como grandes o impresionantes y comenzamos a hacer que ellos vean a Dios grande a un Gran redentor.

4.    Comencemos a apreciar la gracia: Podemos saber mucho sobre teología, pero si no la vivimos no sirve de mucho. Debemos maravillarnos constantemente y ser agradecidos de lo que Dios está haciendo en nuestras vidas y en otros a pesar de nuestras propias circunstancias. Debemos ver en otros y en mi la evidencia de la gracia de Cristo y agradecerlas.

5.    Debemos buscar fervientemente a Dios: Los ídolos como lo vimos, prometen una falsa satisfacción o felicidad, pero Cristo promete saciarnos completa y verdaderamente. Cada promesa falsa en bocas de un ídolo, es cumplida perfectamente en Cristo, por tanto, debemos ir y beber, ser saciados en Él. Jesús dijo “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38). Entonces debemos buscarlo, si tenemos sed, a cada momento. Debemos orar para reconocer cuales son esos ídolos que están reemplazando a Cristo y debemos luchar contra ellos yendo a la fuente eterna que es nuestro salvador. Así nuestro corazón y amor brotaran radicalmente hacia nuestro Dios, le adoraremos con pasión.

6.    Debemos conocer bíblicamente a Dios: Si deseamos adorar a Dios como Él se lo merece, debemos pensar en Él bíblicamente. Dios se revelo a si mismo a través de su palabra. No importa entonces si lo que creemos saber de Dios es correcto en nuestros términos, sino que aquello que creamos saber sea realmente basado en la biblia. Nuestra mente es entonces importante, porque con entendimiento debemos adorar a Dios. Debemos por tanto ser saturados en nuestro modo de pensar en Él. Pablo nos dice que “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” (Fil.4:8). Así adoraremos con entendimiento a nuestro Dios.

Finalmente, la única respuesta a nuestra idolatría se haya en volvernos a Dios de todo corazón en arrepentimiento y constante búsqueda de Él. Solo de este modo adoraremos correctamente. Sea que seas líder de alabanza o no, tu adoración importa e importa no solo en esta vida sino también eternamente. Por tanto, despojémonos de todos los ídolos que nos esclavizan y alejan nuestra mirada de nuestro Gran Dios y Redentor el cual merece todo nuestro amor y toda nuestra alabanza.


Begoña Sánchez JiménezESCRITO POR DAVID MUJICA
Miembro del Equipo de Alabanza de la Iglesia Bautista La Calera (IBC) y parte del equipo de la organización misionera OM CHILE.

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