Historia y Análisis del Himno «Estoy bien con mi Dios»

Imagen: baptistmag.org.nz

Este himno encierra una de las historias más conmovedoras dentro de la himnologia, una digna de ser contada y enseñada.

El autor de este clásico himno es Horatio G. Spafford (1828-1888) era un laico presbiteriano de Chicago, era un joven empresario exitoso y también a la vez un cristiano muy devoto. Podemos destacar que dentro de su círculo de amigos más cercanos se encontraban grandes cristianos y evangelistas de la época incluyendo a Dwight L. Moody también de Chicago.

Horatio G. Spafford

Lamentablemente, las cosas emperorarian para este hombre. La fortuna que tenia, se evaporo tras el gran incendio que sufriera Chicago en 1871, después de haber invertido tanto en bienes raíces a lo largo de la costa del lago de Michigan, vio todo perderse de una noche a otra. Tiempo después, este hombre sufriría también la pérdida de su hijo, ciertamente los acontecimientos son una reminiscencia de la historia bíblica de Job.  Aun así, lo peor estaba por venir para Spafford.

Lo que vendría nos lo relata el himnologo Kenneth Osbeck, el cual relata "Deseando Spafford descanso para su esposa y sus cuatro hijas, así como deseando unirse y ayudar a Moody y su músico Ira Sankey en una de sus campañas en Gran Bretaña, él planeo un viaje a Europa con su familia en 1873. En noviembre de ese año, debido a inesperados acontecimientos comerciales de última hora, tuvo que permanecer y quedarse en Chicago, aun así envió a su esposa  e hijas por delante a Europa tal lo habían planeado en el S.S. Ville du Havre, un barco francés que realizaba recorridos desde la costa norte de Francia a Nueva York y viceversa. Spafford esperaba unírseles en unos pocos días. El 22 de noviembre el Barco fue golpeado por un buque ingles llamado Lochearn, doce minutos después, el barco francés se hundiría completamente. Algunos días después, los sobrevivientes finalmente desembarcarían en Cardiff, Gales. Desde allí la Sra. Spafford le diría a su esposo "Solo yo me salve", dándole la trágica noticia del la muerte de sus cuatro hijas".
Spafford fue por tanto inmediatamente a donde estaba su esposa, se dice que el himno fue escrito mientras se acercaba al lugar en el océano donde sus hijas habían fallecido.

Años después una hija le nacería a la pareja, Bertha, quien nació en 1878 y también un hijo, Horatio, en 1880, el cual moriría tiempo después de fiebre escarlata. Después del nacimiento de Grace en 1881, Spafford y su esposa se mudaron a Jerusalén por un profundo interés en Tierra Santa. Allí establecieron la Colonia Americana, una sociedad utópica dedicada a actividades filantrópicas entre judíos, musulmanes y cristianos. Después de décadas de actividades de benevolencia, la colonia dejo de ser una sociedad comunal en la década de 1950, aunque continuo en una segunda vida como el Hotel Colonia Americana, el primer hogar de conversaciones entre Palestina e Israel, las cuales eventualmente llegarían a los acuerdos de paz de Oslo en 1983.

La música que acompaña al himno fue compuesta por Phillip Bliss (1838-1876).

Phillip Bliss

Este himno en su construcción procede desde la perdida hasta la gloria celestial. Esta escrito desde una perspectiva intima y personal y es principalmente una oración. Vemos como en la primera estrofa del himno, Spafford usa la tragedia ocurrida en el mar como fundamento de su esperanza en la provisión de Dios en medio de la aflicción, el dolor y la angustia, él escribe: "De paz inundada mi senda ya esté, o cúbrala un mar de aflicción, mi suerte cualquiera que sea diré, estoy bien, estoy bien con mi Dios". Spafford nos recuerda que las aflicciones son solo momentáneas, mientras que el amor de Dios es siempre eterno y siempre listo a socorrernos.

En la segunda estrofa del himno, Spafford nos lleva a la esfera espiritual y como en medio de las tentaciones o la prueba, Cristo nos sostiene y protege del enemigo y nos ayuda a perseverar en la senda correcta, sin desmayar. El himno dice: "Venga la prueba o me tiente Satán, no amengua mi fe ni mi amor. Pues Cristo comprende mis luchas y afán, y su sangre obrara en mi favor". Aquí vemos también la obra intercesora de Cristo desde el cielo en favor de los suyos.

En la tercera estrofa del himno, podemos ver la obra redentora de Cristo en nuestro lugar, podemos maravillarnos de que nuestro pecado ha sido no solo perdonado sino también destruido, por eso cantamos: "Que gloria saber que mi buen salvador, todo mi pecado él quito. Clavándolo en la cruz, nunca más lo veré, Alabad, alma mía al Señor". Gloria sean dadas al cordero de Dios.

Finalmente, en la cuarta estrofa, vemos la bienaventurada esperanza escatológica de cada creyente. Cuando a Cristo veamos cara a cara y reinemos junto a él por la eternidad. Spafford escribe: "En aquel día, mi fe al fin veré, las nubes del cielo huirán. Mi rey volverá en su gran majestad, Aleluya, estoy bien con mi Dios". Que glorioso será ese día, cuando nuestra fe, Jesucristo mismo descienda a reunir a sus escogidos para entrar en la vida eterna. Con ansias anhelamos aquel momento.

Sea por tanto este himno, fuente de bendición y esperanza cada vez que lo cantemos, que a pesar de las circunstancias que atravesemos, veamos la gracia de Dios obrando a nuestro favor. Una gracia que eternamente nos acompañara, cuando un día no lejano con Cristo estemos por la eternidad. Amén. 



Begoña Sánchez JiménezESCRITO POR DAVID MUJICA
Miembro del Equipo de Alabanza de la Iglesia Bautista La Calera (IBC) y parte del equipo de la organización misionera OM CHILE.

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