El rol del Espíritu Santo en la alabanza y adoración corporativa

Imagen: worshipmatters.com

El ministerio del Espíritu Santo es un tema bíblico que, en la mayoría de los casos, la gente desconoce mucho. Hay muchas creencias populares e incorrectas que no están de acuerdo con las Escrituras. Para comprender cuál es el rol del Espíritu Santo en la alabanza y adoración corporativa de las iglesias locales, debemos tener claro todo el panorama bíblico[1].

A grandes rasgos, en la época del Antiguo Testamento (o Antiguo Pacto) el Espíritu Santo tenía una relación de “entrada y salida” con la gente, por ejemplo: Bazaleel fue capacitado del Espíritu Santo para la elaboración de los utensilios necesarios para el Tabernáculo (Éxodo 31:2-5), Saúl fue lleno del Espíritu Santo mientras fue rey de Israel, sin embargo luego se apartó de él (1 Samuel 16:14), en su lugar, el Espíritu Santo estuvo con David (1 Samuel 16:13), pero al cometer adulterio con Betsabé, David temía que el Espíritu Santo se apartara de él (Salmo 51:11). En todos estos actos nos damos cuenta que no hay un sentido de permanencia del Espíritu Santo en el individuo, todos tenían momentos específicos y temporales.

Todo esto cambió en el Nuevo Testamento (o Nuevo Pacto) después de Jesús, en Juan 14, vemos como se nos da una promesa. Aquí Jesús dice que el Padre dará un Consolador “para que esté con ustedes para siempre[2]. Comenzamos a ver el inicio del cumplimiento de esta promesa en el día de Pentecostés (Hechos 2), desde ahí en adelante – hasta hoy – el Espíritu Santo comenzó a morar permanentemente en los creyentes. Toda persona que ha confesado a Jesús como su Señor y Salvador, recibe al Espíritu Santo en su vida. Existen muchos pasajes bíblicos que sustentan este hecho: 1 Corintios 12:13, 2 Corintios 1:22, Romanos 8:9, Efesios 1:13-14. Por lo tanto, su presencia en el interior del creyente define quién es un miembro de la Iglesia de Cristo. El Espíritu Santo marca a esos individuos por medio de la fe en Jesucristo, es su signo y su sello. La alabanza y adoración corporativa sólo puede ser ofrecida a Dios por aquellos que tienen una relación explícita con Dios, evidenciada por la presencia del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo y la creación de la Iglesia

Lo maravilloso de recibir al Espíritu Santo es ver que, éste ejecuta y califica la creación de la comunidad local de alabanza y adoración. Dios redime a los individuos con la meta redentora de crear un pueblo, una comunidad que le glorifica.

Esta experiencia de comunidad la vemos a través del Espíritu Santo que habita en cada miembro del Nuevo Pacto, es decir, la Iglesia hoy. Él une a los creyentes en un solo pueblo, borrando la separación del espacio y la geografía entre cada congregación en un todo orgánico. Su presencia en nuestra adoración afirma que no estamos solos. Nos unimos a un pueblo que atraviesa el mundo y trasciende el tiempo, extendiéndose más allá de las fronteras étnicas y culturales, sólo el Espíritu Santo hace posible el culto "corporativo", es decir, la iglesia local.

Puesto que el Espíritu Santo habita hoy en día en los creyentes, Pablo a los Corintios aplica el concepto de "templo" a los individuos (1 Corintios 6:19) y a la comunidad cristiana como un todo único (1 Corintios 3:16-17; 2 Corintios 6:14-18). “Ahora todos podemos tener acceso al Padre por medio del mismo Espíritu Santo gracias a lo que Cristo hizo por nosotros[3]. Además le recuerda a los Filipenses que nosotros somos los que servimos a Dios en el Espíritu, los que nos gloriamos en Cristo Jesús y no ponemos nuestra confianza en la carne[4].

El Espíritu Santo y su manifestación en la Iglesia

La Biblia nos demuestra que el Espíritu Santo se manifiesta de diversas maneras en la Iglesia, debemos tener presente las formas en que el Espíritu Santo se mueve y actúa en la alabanza y adoración corporativa. Si los adoradores no dependen conscientemente del Espíritu Santo, entonces su adoración no es verdaderamente cristiana[5].

La primera manifestación a destacar es la “unidad”. El Espíritu Santo fomenta la unidad funcional entre los integrantes de la comunidad de alabanza y adoración, consideremos por ejemplo los dones en el Nuevo Testamento. El Espíritu Santo establece y define la unidad de la Iglesia a causa de su presencia en los creyentes. La expresión del ministerio del Espíritu Santo se convierte en la unidad funcional experimentada entre los creyentes para completar el testimonio de Cristo en el mundo (Efesios 2:22, 4:3, 13, 21-23). Romper esta unidad a través de conversaciones divisivas o acciones es "entristecer" al Espíritu Santo (Efesios 4: 29-30). La manifestación de la unidad nos lleva a concluir que la adoración y la comunión son inseparables, además, él preserva nuestra integridad como integrantes de la alabanza y adoración corporativa.

Al entender la manifestación de la unidad, debemos preguntarnos ¿Cómo el Espíritu Santo opera y aplica la unidad? La respuesta es: a través de la Palabra, los sacramentos y los dones.

El Espíritu Santo nos instruye – opera – a través de la lectura y exposición de las Escrituras. El mismo Espíritu que creó las Sagradas Escrituras al inspirar a sus escritores (2 Pedro 1:20-21) ilumina su significado y significado a través de su exposición (1 Corintios 2:4). Obviamente esto incluye el significado de un texto bíblico en su contexto original.

Otra presencia visible del rol del Espíritu Santo en la alabanza y adoración corporativa son los sacramentos u ordenanzas. Él nos da entendimiento sobre el bautismo y la Cena del Señor como actos corporativos de comunión: el bautismo constituye el acto de entrada en la comunidad (Mateo 28:19-20; Hechos 2:38) y la participación en la Cena del Señor demuestra el compañerismo dentro de la comunidad (Mateo 26:26-29; 1 Corintios 11:23-29). No podemos participar en ninguno de ellos sin una autoevaluación consciente bajo la dirección del Espíritu Santo.

Además de la exposición de la Palabra y los Sacramentos, el Espíritu Santo también provee de dones (Romanos 12:4-8; 1 Corintios 12). Podemos debatir la naturaleza y la identidad de estos dones, argumentar a favor o en contra, pero el impulso principal del Nuevo Testamento para el uso de los dones enfatiza la sumisión humilde en la alabanza y adoración a fin de edificar en la fe de la comunidad: utilizar el don en proporción a la fe significa que lo utilizaremos con humildad y sencillez[6]. Para tener un ejemplo simple sobre la aplicación de los dones, te comparto un extracto de un escrito del pastor Piper: "Señor, trae a mi mente pensamientos y palabras, más allá de mi preparación, que tendrán el mayor efecto para la gloria de Cristo. Trae a mi mente aplicaciones y discernimiento y palabras, además de las que tengo preparadas, para que penetren los corazones endurecidos y convenzan, y a otros los animen, consuelen, y guíen. Sí, creo que ya en mi preparación tú me has dado discernimiento edificador. Ahora solo estoy pidiendo que al don de enseñanza, le añadas el don de profecía[7]". Este ejemplo nos debe recordar que el Espíritu Santo supervisa la distribución de estos dones para mejorar la unidad, la madurez y el crecimiento tanto a nivel local como global, bajo la dirección de Jesucristo (Efesios 4:7-15; 1 Pedro 4: 10-11).

El Espíritu Santo en nuestro “programa” de alabanza y adoración

Así como el Espíritu Santo define a la comunidad, unifica a sus miembros y se manifiesta para edificar la comunidad, el Espíritu Santo actúa para asegurar la libertad dentro de la expresión de alabanza y adoración corporativa.

Debemos tener claro que Dios actúa a través de la planificación humana y el ingenio, así como aparte de esto. Por lo tanto, la planificación cuidadosa como la espontaneidad son apropiadas, pero no debemos caer en un abuso. Después de la planificación debemos estar siempre abiertos a la injerencia del Espíritu Santo en nuestra alabanza y adoración corporativa.

Bob Kauflin lo explica de la siguiente manera: “No quiero que me malinterpretes. Creo que el Espíritu guía en la planificación. Yo planifico cada vez que voy a dirigir. Y he sido profundamente afectado, y Dios ha sido honrado en aquellas reuniones donde hemos planificado hasta el último detalle. Debemos, entonces, esperar que el Espíritu se manifieste poderosamente a través de los medios normales de la predicación, del partimiento del pan, del canto y otros medios de gracia. Pero Él puede interrumpir nuestras reuniones con una exhortación, un pasaje de la Escritura, un llamado a orar o una impresión espontánea que tuviera un efecto similar a lo que Pablo describe en 1 Corintios 14[8]… Pablo cuando hable de los dones termina con: “pero hágase todo decentemente y con orden[9].

Conclusiones y reflexiones finales

¿Es el Espíritu Santo crucial para nuestra alabanza y adoración corporativa? ¡Absolutamente! Sin él no podemos vivir la vida santa que nos identifica, él nos califica, informa y apoya nuestro trabajo. ¿El Espíritu Santo "dirige" la alabanza y adoración corporativa? Sí, todas las formas de adoración, sean planificadas o no planificadas, formales o informales, a través de las manifestaciones que ha dado a la Iglesia (Exposición de la Palabra, Sacramentos/Ordenanzas y dones).

En toda liturgia siempre se comienza orando, invocando la presencia de Dios en la persona del Espíritu Santo. Sólo la presencia del Espíritu Santo permite a una congregación responder en la forma como Dios lo desea. Así como no podemos adorar al Padre separados de Jesucristo, la adoración es imposible separados del Espíritu Santo[10].

El Espíritu Santo sella a los creyentes, crea la comunidad de adoración y fomenta la unidad funcional en la comunidad de fe. Sigamos orando y buscando en la Palabra para que cada semana, en cada servicio que ofrecemos a nuestro Dios, el Espíritu Santo nos guíe a Jesús y forme en nosotros corazones humildes que se reflejen en la alabanza y adoración corporativa.



[1] El ministerio del Espíritu Santo es un tema amplio, pero será acotado a los fines de esta publicación.
[2] Juan 14:16, RVC
[3] Efesios 2:18, NTV
[4] Filipenses 3:3, RVC
[5] Robert Rayburn. O Come Let Us Worship [Venid Adoremos]. Grand Rapids, MI:Baker, 1980:45.
[6] John Piper: Usando los dones en proporción a la fe, parte 1. http://www.desiringgod.org/messages/using-our-gifts-in-proportion-to-our-faith-part-1?lang=es
[7] John Piper: Usando los dones en proporción a la fe, parte 1. http://www.desiringgod.org/messages/using-our-gifts-in-proportion-to-our-faith-part-1?lang=es
[8] Bob Kauflin, Nuestra Adoración Importa. B&H Español, 2015:87.
[9] 1 Corintios 14:40, RV1960
[10] Bob Kauflin, Nuestra Adoración Importa. B&H Español, 2015:83

Begoña Sánchez JiménezESCRITO POR AARON CASTRO (twitter @ACastroMusica)
Esposo y profesor de música. Sirve en el equipo de alabanza de Iglesia UNO. Cantautor de alabanza congregacional. Fundador y Director de Cantemos El Evangelio.

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