La fama no es el estándar, es la Biblia

Imagen: desiringgod.org

No es un secreto que la Industria Musical lleva años (desde los 60’ aprox.) en el pueblo evangélico de occidente, ya sea norteamericano o latino. No veamos esto como negativo en lo “absoluto” – en el sentido de algo malo por sí mismo – ya que invita a los músicos que sirven en iglesias locales a perfeccionarse en pos de servir de mejor manera desde lo musical. El problema es que en su “totalidad” – en el sentido de que abarca áreas del ser humano – nos lleva a lidiar contra actitudes o situaciones no deseadas, como la lucha contra el ego, la búsqueda del reconocimiento individual y orgullo. Todo esto nos lleva a recordar que el pecado original afecta a todas las áreas de la vida cotidiana. Nuestro servicio musical es una de esas áreas.

Confundiendo el ministerio

Debido a lo descrito anteriormente, hemos mezclado cosmovisiones que jamás debieron ser mezcladas, cayendo en tentaciones y levantando estándares falsos. Por ejemplo: consideramos que un músico con una producción discográfica es mucho más espiritual que un músico que solamente sirve en la iglesia local… ¡Gran error! ¡Pensar eso es antibíblico!

El Dr. Harold Best, describe esta situación de manera muy clara: “El ministerio y la fama han llegado a ser considerados tan equivalentes que es casi imposible pensar en cualquier otra cosa que no sea la fama si uno contempla un ministerio en música[1] El hecho de que un músico tenga un trabajo discográfico que tenga altas ventas y reproducciones solo demuestra esto: tiene altas ventas y reproducciones. Ser “popular” no es sinónimo de que “Dios está contigo”, que tienes algo digno de decir o escuchar, muchos músicos son populares con canciones sin contenido, pero tienen esa cuota de ritmo que provoca sensaciones en las personas. Somos tentados a medir el éxito del ministerio con los números. Más personas no es resultante de estar complaciendo a Dios, más personas solo es resultante de ser efectivo en la publicidad o mercadeo.

Viendo de forma general, en ocasiones somos como Pedro, registrado en Marcos 1:36-38.

Simón [Pedro] y los que estaban con él comenzaron a buscarlo, y cuando lo encontraron le dijeron: «Todos te están buscando.»
Él [Jesús] les dijo: «Vayamos a las aldeas vecinas, para que también allí predique, porque para esto he venido.»[2]

Esta escena es maravillosa. Pedro y los que estaban con él solo pensaban en los números, «Todos te están buscando.» Veo la analogía musical hoy: «Todos están reproduciendo tu disco» o «Todos están viendo tus vídeos». Más Jesús responde de forma sorpresiva: «Vayamos a las aldeas vecinas, para que también allí predique, porque para esto he venido.» ya puedo ver cara de sorpresa de Pedro, ante la inesperada respuesta. Jesús no dice: «Excelente, quedémonos aquí, aprovechemos la multitud», ¡No! él responde: «Vayamos a las aldeas vecinas», y nos dice el para qué y por qué: «para que también allí predique, porque para esto he venido.»

Jesús nos está entregando la clave, el diseño original del ministerio sin confusiones: no es la multitud, no son los números de reproducciones en Spotify o YouTube ¡Es la proclamación del Evangelio! ¡La gloria de Dios en Jesús revelada! Seamos fieles a ese llamado.

Un llamado al propósito original del ministerio

El músico Bob Kauflin escribió en una oportunidad: “La industria de la adoración no es el estándar que Dios nos ha dado para determinar nuestra efectividad. La Biblia es el estándar… Dios no nos ha llamado a ser exitosos o populares: Él nos ha llamado a ser fieles.[3]

El apóstol Pablo, escribió en su carta a los Corintios: Que todo hombre nos considere de esta manera: como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, además se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel.[4]

Pablo le está hablando aquí a toda la iglesia de Corintio, y a su vez, Dios nos habla a toda la iglesia hoy: siervos y administradores de Cristo. A cada miembro de la iglesia, Dios le ha encomendado la tarea de la proclamación del Evangelio y debemos ser fieles a ese llamado. ¡Ese es un siervo y administrador!

Pensando en estas citas y en los músicos de iglesia local, nuestro llamado y propósito es la fidelidad en el servicio por medio de la dirección de la alabanza que apunta siempre a la gloria de Dios. Si buscamos la retroalimentación de la satisfacción multitudinaria por medio de la música y luces, solo obtendremos reuniones dominicales gobernadas por la búsqueda de emociones placenteras que tendrán la duración de una canción.

Busquemos apuntar a la gloria de Dios, ante un pequeño grupo o gran multitud, con reuniones dominicales que sean gobernadas por temor, amor y admiración ante la gloria y majestad de nuestro Dios.

Nuestro estándar: Músicos de iglesias locales fieles al llamado

Quiero concluir y animarte a cumplir nuestro estándar con la siguiente cita:

Nuestro gozo no viene de dirigir el tiempo perfecto, ni viene de premios, o de tener una canción en la lista de éxitos. Nuestra meta no es el logro, la popularidad ni la realización personal. Es anticipar, por la gracia de Dios y para la gloria de Jesucristo, lo que escucharemos en el último día, “Bien, siervo bueno y fiel” (Mateo 25: 21, 23) y esta recompensa es mucho más grande que cualquier otra que este mundo pudiera ofrecer.[5]



[1] Harold Best. Music Through The Eyes Of Faith [La música a través de los ojos de la fe]. San Francisco: HarperOne, 1993:16.
[2] Marcos 1:36-38, RVC: Reina Valera Contemporánea. Enfasis añadido
[3] Bob Kauflin, Nuestra Adoración Importa. 2015: 59.
[4] 1 Corintios 4:1-2. LBLA: Biblia de Las Américas
[5] Bob Kauflin. Nuestra Adoración Importa. 2015: 63.

Begoña Sánchez JiménezESCRITO POR AARON CASTRO (twitter @aaroncastro___)
Esposo y profesor de música. Miembro de la IPCH y parte del Equipo de Música en Iglesia UNO (duodécima iglesia presbiteriana de Santiago, Chile). Compositor y músico dedicado a la alabanza congregacional. Fundador y Director de Cantemos El Evangelio.

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