El carácter bíblico de la composición musical


Foto de A. Moreira
Si nos adentramos un poco más en los fundamentos que no deben faltar en una composición musical cristiana, tenemos que considerar cuatro áreas importantes que reflejan el carácter bíblico de una canción. Es decir, la Biblia nos muestra desde Génesis a Apocalipsis a Cristo como Señor y Creador, la naturaleza caída del ser humano producto de su pecado, el plan redentor de Dios para la humanidad y la posibilidad de reencontrarse por medio de Cristo con el Padre.[1] ¿Esto quiere decir que en cada canción tiene que estar estos cuatro puntos? No necesariamente. Pero si observamos cada uno de estos pilares nos daremos cuenta que poseen una profunda riqueza de verdades eternas que podemos desarrollar en conjunto como por separado. Recordemos que nuestras canciones no son teología, pero si deben contener bases teológicas sólidas.

¿Por qué estos cuatros pilares? 

Sencillamente porque aquí vemos quién es Dios y todo el despliegue de su plan en la tierra. Cada uno de estos pilares nos lleva necesariamente a tener una actitud de adoración a Dios por quién es él y sus obras. El perder de vista estos pilares de nuestras composiciones nos hace salirnos del propósito de nuestra vida: adorar a Dios y esto trae tremendas confusiones al momento de plantear letras con un mensaje centrando en el evangelio. A.W. Tozer lo dice de esta manera: “A veces los cristianos evangélicos parecen confusos e inciertos acerca de la naturaleza de Dios y de Sus propósitos en creación y redención. En tales casos, los predicadores son a menudo los culpables. Siguen habiendo predicadores y  maestros que dicen que Cristo murió para que no bebiéramos, no fumáramos…Jesús nació […] para transformar rebeldes en adoradores”[2] Estos cuatro pilares nos llevan a entender que nuestro fin como seres humanos es adorar al Creador de todo el universo y por ende, comunicaremos en nuestras composiciones ese espíritu dejando de lado letras que solo buscan decir “rimas bonitas” “piropos santos” y en donde no encontramos una idea clara de lo que el evangelio o Cristo tiene que decirnos.

Por otro lado, también existe un carácter que debe desarrollar el compositor cristiano, quien ha tenido un encuentro genuino con su Señor y Salvador. El salmo 15 lo plantea claramente:

“¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario? ¿Quién puede vivir en tu santo monte? Solo el de conducta intachable, que practica la justicia y de corazón dice la verdad; que no calumnia con la lengua, que no le hace mal a su prójimo ni le acarrea desgracias a su vecino; que desprecia al que Dios reprueba, pero honra al que teme al Señor; que cumple lo prometido aunque salga perjudicado; que presta dinero sin ánimo de lucro, y no acepta sobornos que afecten al inocente. El que así actúa no caerá jamás.”

La pregunta nos da el propósito de todo. Habitar en el santuario de Dios no es sinónimo de “ir de pasada…”. Ir al santuario de Dios era encontrarse en la misma presencia de Dios, estar con Dios mismo y cuando el ser humano está en esta posición es solo para adorarle, es por eso que una composición musical cristiana debe no solo contener los elementos esenciales de un carácter bíblico sino que el mismo compositor debe desarrollar en su vida un carácter conforme al evangelio. El compositor antes que sea un compositor, debe ser un adorador verdadero. “[3]Un adorador puede trabajar con calidad eterna en su trabajo pero un obrero que no adora está solo apilando madera, paja y hojarasca para el tiempo en que Dios abrace a la tierra”. En otras palabras, un compositor puede tener una gran habilidad y disciplina para crear canciones pero si ese mismo compositor no adora solo está juntado una libreta llena de letras sin mayor trascendencia eterna.

La respuesta a la pregunta del salmo es una serie de características que un adorador debe desarrollar en su vida, no como una “lista de deberes por hacer” en donde pretende fabricarlos en su vida de manera legalista o bajo sus propias fuerzas. Todo lo que Dios busca desarrollar en nosotros es producido por el Espíritu Santo quien está obrando incansablemente en nuestros corazones. El fruto que veremos (Ga. 5:21-22) la renovación de nuestro entendimiento (Ro. 12:1-2) y la dependencia de Cristo (Juan 15:5) están bajo la promesa de que el Espíritu de Dios está obrando en nosotros una obra que perfeccionará y terminará cuando Cristo regrese por su iglesia que le adora (Fil. 1:6)

El salmo lo podemos aplicar de la siguiente manera:

El principio del carácter interno.Solo el de conducta intachable, que practica la justicia y de corazón dice la verdad…” El carácter no se trata si me enojo con facilidad o no (eso es temperamento) sino más bien las convicciones que dirigen a mi vida a actuar de una u otra forma determinada. El salmo nos dice que un adorador debe tener una conducta intachable, es decir, coherente, no perfecta, pero si coherente y de una sola línea, no cambiante; que practique la justicia, es decir que busca las cosas rectas y que provean un bien para él y los demás; y que en su corazón dice la verdad. Según lo que hay en mi corazón es lo mi boca comunicará. ¿Qué clase de compositor, adorador puede crear canciones si en su corazón no hay verdad ante Dios y los demás? No podemos olvidar que no estamos componiendo solo una “canción más” más bien estamos declarando verdades del evangelio eternas que afectarán directamente la eternidad de otros y este es un mensaje verdadero, por ende, el compositor debe desarrollar un corazón verdadero ante Dios para que luego sus labios expresen esto mismo.

El principio del carácter externo. “…que no calumnia con la lengua, que no le hace mal a su prójimo ni le acarrea desgracias a su vecino…” La gente mide nuestras obras en gran parte por cómo somos nosotros. Es fácil recordar cuantas veces hemos desacreditado el trabajo de alguien no porque el trabajo estuviera malo, sino por la persona no era de nuestro agrado. Jesús mismo fue desacreditado muchas veces, no porque su mensaje no tuviera sentido, sino porque “era el hijo de José” un simple carpintero; la gente decía: “¿No es este acaso el hijo del carpintero…?” (Mt.13:55) ¿Por qué sucede esto? Porque el ser humano tiene la necesidad de relacionarse de manera sana con otros. Lo que significa esto es que medimos a otros por lo que son, porque en realidad nos fijamos en la forma en la cual se relacionan con los demás y con nosotros. Un compositor cristiano debe mostrarse como una persona que procura estar en paz con todos (Ro. 12:18) que es humilde con los demás, es decir que considera a los demás como más importantes (Fi. 2:3) y que es compasivo como Cristo lo es con nosotros mismos. Todos nosotros daremos cuenta a Cristo sobre como amamos a nuestro prójimo, no sobre cuantas canciones compusimos y cuantas fueron un éxito. Por eso, un compositor no puede ser un chismoso y andar buscando el mal de otros, esto va en contraposición directa con los preceptos relacionales del evangelio.

El principio del carácter hacia Dios. “que desprecia al que Dios reprueba, pero honra al que teme al Señor…” un compositor cristiano debe basar su vida, su forma de relacionarse y de decidir bajo los parámetros de Dios. Si Dios reprueba a alguien no debemos hacernos parte de esas misma prácticas, y en otro caso, si vemos personas que adoran a Dios verdaderamente debemos reconocer esa actitud de vida, es decir, darle honra. En el salmo 119 encontramos una forma práctica de realizar esto: “Soy amigo de todos los que te honran, de todos los que observan tus preceptos.”[4]

El principio del carácter en sociedad. “que cumple lo prometido aunque salga perjudicado; que presta dinero sin ánimo de lucro, y no acepta sobornos que afecten al inocente.” Desde el nivel eclesiásticos hasta grandes negocios el compositor cristiano debe mostrarse como un adorador que honra a Dios y busca tener relaciones inter-personales confiables con los demás. La gente hoy en día busca personas en las cuales se pueda confiar, por esta razón el salmo nos entrega estas tremendas cualidades: que cumplamos lo que prometemos, que nuestra ayuda sea sin condición o buscando beneficios desmedidos y que no usemos los patrones actuales de nuestra sociedad para lograr nuestras metas como lo es el soborno (existe muchas formas de soborno en la actualidad, no solo el dinero) Nuestras composiciones son expuesta ante la sociedad eclesiástica y tantos otros lugares que Dios permita, y la gente necesita descubrir que lo que están escuchando llegó por una vía de trabajo honrado, lleno de excelencia y no con atajos oscuros.

Conclusión

El carácter bíblico de una composición musical recae en dos ámbitos: la presencia de los cuatros pilares esenciales del evangelio y un carácter de vida del compositor acorde a lo que la Biblia nos enseña.




[1] Ver el libro de Timothy Keller, Una Iglesia Centrada.
[2] A.W. Tozer, Qué le pasó a la adoración. p. 5 (Versión digital)
[3] A.W. Tozer, Qué le pasó a la adoración. p. 5 (Versión digital)
[4] Salmo 119:63 NVI

Begoña Sánchez JiménezESCRITO POR CRISTIAN LOBOS
Padre y esposo. Profesor de Filosofía, compositor y músico. Encargado del discipulado en Iglesia En Tu Ciudad, Quillota, Chile.