¡Cuidado con el narcisismo musical entre creyentes!


Escena de la película Whiplash
En la antigua Grecia existía el mito de Narciso, éste era un joven de inigualable belleza, que rechazaba a todas las princesas que se enamoraban de él. Finalmente, fue castigado por los dioses a enamorarse de su propia imagen reflejada en la superficie de una fuente; incapaz de dejar de observar su reflejo, se arrojó al agua y murió convirtiéndose en la bella flor que lleva su nombre: el narciso. 

Quiero comenzar este escrito citándote aquel mito griego por una simple razón: muchas veces como Narciso, nos encanta lucir nuestras habilidades musicales con las que servimos, nos encanta que todos aplaudan en algún momento de alabanza cuando invitamos a aplaudir, nos encanta dar la invitación de “grito de júbilo” y que todos hagan lo que decimos, o escuchar cosas cómo “Eres quien va a levantar esta generación a ofrecer adoración en Espíritu y en Verdad”.

La forma simple de definir narcisismo es, la admiración excesiva y/o exagerada que siente una persona por sí misma, por su aspecto físico o por sus dotes o cualidades. Entonces, defino el narcisismo musical entre creyentes como la admiración excesiva que siente un creyente por sí mismo – incluyendo también a los espectadores hacia el músico – debido a que sirve con sus habilidades musicales con excelencia. ¿Estoy en contra del servir con excelencia? No, para nada. Estoy en contra de todo aquello que nos quite la mirada de Cristo, ya sea la excelencia o incluso el mismísimo músico.

¿Dónde está el placer de nuestros corazones y mentes?

Quiero aclarar que no estoy en contra de la excelencia como tal, porque soy un convencido de que debemos ofrecer, de acuerdo a nuestros contextos, cada vez una mejor alabanza desde el interior al exterior. También quiero aclarar que no estoy en contra del músico “X” como tal, pero, si éste comienza a buscar la gloria propia antes que la de Cristo, tal hecho es incorrecto y debe ser corregido. Debido a esto no podemos negar que en momentos, nos encanta ser alabados debido a la excelencia que buscamos, ya sea por el instrumentos que estamos usando o nuestras habilidades musicales ¡Hemos convertido la excelencia en un ídolo! ¡Nos deleitamos en ella! Sí, admitamos está triste realidad, reconozcamos nuestro pecado. En nuestro ánimo de querer hacer todo con excelencia, podemos caemos en idolatría, Bob Kauflin lo dice de la siguiente manera:

“Los ídolos están a nuestro alrededor ¿los notas? […] los músicos tiene sus propios ídolos: nuevos equipos, artefactos electrónicos, vestir a la moda. Los ídolos más poderosos son los que no podemos ver. Cosas como la reputación, el poder y el control”[1]

El hilo que separa entre servir con dedicación a Dios o servir a nuestros deseos – humanos – musicales, es sumamente fino. La Biblia nos recuerda: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jeremías 17:9). Ciertamente nuestros corazones solo los conoce Dios, y necesitamos día a día su ayuda para direccionar nuestros deseos a la gloria de Dios. Podemos servir en la iglesia y servir a nuestros ídolos, nuestro deseos humanos de reconocimiento musical, esto nos recuerda 2 Reyes 17:33 “Temían al Señor pero servían a sus dioses”.

El placer de nuestros corazones y mentes debe estar en el hecho de que Dios sea glorificado durante la alabanza de Su pueblo. Nuestro mayor amor es Dios, no nuestras habilidades o conocimientos musicales. Si alguien te da una palmada en la espalda a modo de felicitación ¡niégala, porque eso quiere decir que el foco en algún momento fuiste tú y no la gloria de Dios!

Nuestro corazón debe amar a Dios, no a nuestros anhelos musicales

Una vez más cito a Kauflin:

“la adoración no es principalmente acerca de música, técnicas, liturgias, canciones o metodologías. Es acerca de nuestros corazones, es acerca de qué y a quién nosotros amamos más”[2]

¿Podemos desear levantar un proyecto musical? Si, por supuesto. Pero ojo, si más amas aquel proyecto que a Dios mismo, entonces detente: arrepiéntete de tu idolatría y vuelve a Dios.

La mejor manera para darnos cuenta si nuestros anhelos musicales se están convirtiendo en nuestros ídolos es a través de formularnos con sinceridad estas preguntas: ¿En qué encuentro más gozo: en Dios o en mis anhelos musicales? ¿Qué me apasiona: Dios o mis anhelos musicales? ¿En qué es lo que más temo perder: Dios o mis anhelos musicales? Estas preguntas son solo ejemplos, tú mismo puedes formularte más preguntas. Sé sincero con Dios y contigo mismo. Hay gente que te observa cada domingo cuando estás ante la congregación dirigiendo alabanzas.

Jesús fue claro: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente (Mateo 22:37)

Nuestra mente solo debe estar enfocada en Dios

Insisto en esto, te lo planteo de manera práctica, si comenzamos y terminamos el día pensando en nuestros anhelos musicales ¡Son nuestros ídolos! ¡Estamos buscando robarle la gloria a Dios! ¡Arrepintámonos de nuestro pecado!

Nuestra confianza no puede estar anclada en metodologías, liturgias, contenido de canciones, luces, marcas de instrumentos musicales, nuestra vestimenta y corte de pelo, etc. Nuestra confianza debe estar en la roca firme: Cristo.

¡Cuidemos los anhelos musicales de nuestros corazones de nosotros mismos!
Antes de comenzar a ensayar (ya sea que estemos solos en nuestras habitaciones o con el equipo de alabanza) oremos, oremos, oremos, oremos, oremos… ¡oremos! ¡Pidamos ayuda a Dios para que nuestros anhelos musicales no sean nuestros ídolos y sean dirigidos a darle gloria a Él!

Conclusión

Para terminar, te comparto una cita de Isaac Watts, uno de compositores de himnos más conocidos en la historia de la iglesia:

El gran Dios no valora el servicio de los hombres, si el corazón no está en ello: El Señor ve y juzga el corazón; Él no estima las formas externas de adoración, si no hay una adoración interna, si no hay afecto piadoso empleado en ello. Es por lo tanto un asunto de infinita importancia, tener incondicionalmente el corazón completo dedicado a Dios.[3]




[1] Bob Kauflin: “Nuestra Adoración Importa”, página 24
[2] Bob Kauflin: “Nuestra Adoración Importa”, página 27
[3] Bob Kauflin “Nuestra Adoración Importa”, citando a Isaac Watts, página 28



Begoña Sánchez JiménezESCRITO POR AARON CASTRO (@ACastroMusica)
Esposo y profesor de música. Sirve en el equipo de alabanza de Iglesia UNO. Cantautor de alabanza congregacional, y Director Ejecutivo de Cantemos El Evangelio.