Tres extremos que deben evitar los cantautores y compositores


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1. La presencia nuestra como protagonistas de las canciones que cantamos para Dios: Es decir, esas composiciones que solo exalten al ser humano por sobre la persona de Dios. Son estas canciones en donde la palabra más recurrente que encontramos en ella son “yo…” (Yo quiero…deseo…necesito…siento…) No hay nada de malo en establecer versos bajo esta dinámica solo que se deben analizar según su contexto general. ¿Esta canción en particular exalta más los deseos del ser humano que a la persona de Cristo? ¿esta canción exalta más las sensaciones que podemos extraer de Cristo que a Cristo mismo? Es fácil perderse en esto y no verlo a primera vista, pero la Biblia es clara cuando dice: “La gloria, Señor, no es para nosotros; no es para nosotros, sino para tu nombre, por causa de tu amor y tu verdad.”(Salmos 115:1) y el apóstol Pablo también dice: “No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor…”(2 Corintios 4:5) que aplicado a nosotros sonaría algo como “No nos cantamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor.” En definitiva la pregunta es: ¿de quién estamos cantando realmente: de nosotros mismos o de Cristo? Una canción con contenido cristiano pierde efectividad y propósito, sencillamente cuando es antropocéntrica y no Cristo-céntrica. Es por eso que el compositor cristiano y los ministros de alabanza deben estar en constante lectura y reflexión del evangelio para componer o elegir canciones que apunten a Cristo y que lleven a la iglesia a esta persona y no otra.

2. Reciclar versos de otras canciones sin sentido y narrativa alguna: La pregunta que debemos hacernos es ¿por qué sucede esto, si la Biblia tiene tantas ideas profundas las cuales podemos descubrir y desarrollar en innumerables otras ideas? Reciclar versos de otras canciones es tentador y práctico de hacer, pero perdemos el proceso de sumergirnos en las Escrituras y descubrir nuevas formas de plantear lo que Cristo nos quiere decir. Además, todo lo que aparece escrito en la Biblia no son frases en el aire, tiene un contexto, una intencionalidad y un fluidez específica, es decir, podemos repetir muchas veces que Dios es Santo pero cada vez que en la Biblia aparece este atributo obedece a un contexto especifico de la vida de un pueblo o persona en particular y es aquí en donde vemos contexto, intención y fluidez. Podemos extraer versos textuales de la Biblia, pero cuando le damos estos tres elementos, estamos frente a una composición que ha vivido un proceso real de búsqueda del significado de cada frase.  Ahora bien, debemos reconocer que si una canción posee versos textuales de la Biblia siempre es un plus, pero hoy en día las canciones cristianas al interior de nuestras iglesias repiten en su gran mayoría los mismos versos y pareciera ser que se están reciclando frases de otras canciones para componer nuevas y esto equivale a componer, no una canción nueva, sino una nueva copia de otra canción.

3. Pretender hacer teología en nuestras canciones: La teología es la ciencia que organiza, interpreta y expone las verdades del evangelio presentes en toda la Biblia; ella es un ciencia con tremendas riquezas conceptuales, por esa razón es imposible lograr contener todo lo que un concepto teológico nos tiene que decir en una canción de diez a doce versos. La teología ha tomado siglos de desarrollo para comprender la revelación de Dios y una canción no puede pretender develar esto mismo en cuatro minutos. Lo que quiero decir es que no podemos demandar que las canciones sean teología porque para esto está la misma teología como ciencia. Lo que si podemos exigir y velar es que las canciones estén basadas en una sana y correcta interpretación teológica del evangelio y esto es lo que llamamos canciones teológicas o basadas en teología. Incluso una canción en donde su compositor tiene un estilo más trovador, en donde se resaltan más las experiencias de vida y las ideas personales, debiera y puede estar basada en una interpretación teológica de sus ideas. Una implicancia interesante de esto es que nos hace entender que no podemos exigir que los compositores cristianos sean teólogos expertos. Obviamente deben poseer nociones básicas teológicas del evangelio para componer de mejor manera pero no podemos pretender que sencillamente sean primero teólogos y luego componer canciones. Tampoco podemos creer que cualquier teólogo que toque una guitarra puede ser un tremendo compositor y que tiene el deber de componer canciones para guardar así, las verdades teológicas del evangelio, tampoco este es el enfoque. En lo práctico podría ser esto: compositores, dialoguen con teólogos, lean y escuchen teológica y no pierdan de vista que el evangelio es primero que la teología, sin evangelio no hay teología. Teólogos, sigan reflexionando e indagando en el mar de verdades del evangelio de Jesucristo y luego comuniquen lo que Dios ha inspirado en sus corazones de manera clara y significativa para que provean ricos insumos teológicos para los compositores que les están escuchando.

Begoña Sánchez JiménezESCRITO POR CRISTIAN LOBOS
Padre y esposo. Profesor de Filosofía, compositor y músico. Encargado del discipulado en Iglesia En Tu Ciudad, Quillota, Chile.