Deuteronomio Musical


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Desde hace un tiempo a la época se viene hablando de la desviación de las composiciones musicales con contenido cristiano, en donde vemos la ausencia de una teología sana, principios bíblicos y sobre todo la ausencia de la persona de Cristo. Esto ha llevado a una decadencia musical y conceptual de las canciones que nutren nuestras liturgias locales y en donde la producción musical es más importante que el mensaje que se quiere expresar. Se denuncia el contenido de letras que exaltan al hombre, que buscan exacerbar las emociones personales y donde todo gira en torno al mismo ser humano. Por otro lado, vemos letras que carecen de una narrativa fluida y solo entregan, lo que llamo, “piropos santos” a Dios y no enuncian realmente atributos concretos de nuestro Padre Celestial.

Es fácil distinguir letras de hace treinta o veinte años atrás en donde no se necesita mucho esfuerzo para darse cuenta de un mensaje claro y contundentemente bíblico; esto no quiere decir que todas las letras de esa época eran “perfectas”, sino más bien, que eran letras en donde su intención era claramente resaltar el mensaje por sobre una producción musical, y que paradójicamente al tener un mensaje Cristo-céntrico le permitían crear excelentes producciones musicales ya sea en una sola canción como en un disco entero.

Esta clase de crítica o análisis se puede entender por algunos como un intento más de justificar la famosa frase “es que antes las cosas se hacían mejor…” y otros lo pueden entender como que hoy en día estamos en una crisis de tal magnitud que no podemos cantar nada que no sea copiado y pegado de la misma Biblia. Ambas posturas son extremas y no es la intención llevar esta reflexión a tales puntos. Lo que si debemos reconocer, es como seres humanos que están siendo transformados por la obra del Espíritu Santo, olvidamos con facilidad para quién cantamos y cómo lo hacemos y es necesario, al igual que lo hizo Dios con el pueblo de Israel, volver a recordar las bases fundamentales que hacen que una composición musical cristiana, sea efectivamente una con un mensaje Cristo-céntrico. Solo basta detenerse en esta pregunta: ¿Si toda la Biblia habla de Cristo, cuanto más nuestras canciones al interior de nuestras iglesias locales?

Hoy en día hace falta un Deuteronomio Musical al interior de nuestras congregaciones en donde recordemos quién es Dios y su poder, su plan redentor para la humanidad, las consecuencias del pecado en el mundo y a Jesucristo con todo lo concerniente a su sacrificio en la cruz. Al igual que Moisés, que en el libro de Deuteronomio entrega sus discursos finales para traspasar el liderazgo a Josué, hoy en día existe un liderazgo que Dios le ha dado muchos compositores cristianos y que debe ser traspasado a las generaciones actuales. Pero existe una manera establecida por Dios para esto: recordando. No se trata de inventar algo nuevo, ni de descubrir - la clave – para crear composiciones acordes al corazón de Dios, es más bien llevar nuestro corazón a recordar quién es Dios y desafiarnos a vivir bajo el dominio del Espíritu Santo, el cual brinda ricas experiencias de vida acordes a la revelación de Dios para usar como insumos musicales al momento de componer. Esto no quiere decir que el énfasis esta en componer letras según la tendencia musical de hoy, sino más bien tomar conciencia de quién es Dios y lo que está haciendo en nuestra vida y luego recurrir a la Palabra para encontrar sus bases y luego allí plasmarlo en letras que expresen una conexión real con nuestro Salvador. Que la letra y su forma de narrarla vayan con la tendencia musical de hoy es un sub-producto pero una composición bien cimentada en el evangelio deja ver riqueza e impacto en la vida de quienes escucharán y cantarán esas canciones y que de una u otra forma llegarán a sus corazones.

¿Por qué las palabras de Moisés en el libro de Deuteronomio fueron tan significativas? Por esta razón: “Moisés comenzó a explicar esta ley cuando todavía estaban los israelitas en el país de Moab, al este del Jordán.” (Deuteronomio 1:5)  Esta ley se refiere a los diez mandamientos y todas las otras leyes que encontramos en los otros libros del Pentateuco. Así pues, Deuteronomio es, en esencia, un documento de renovación (y de actualización) del pacto.  Es decir, hoy en día la labor constante que debe hacer un compositor cristiano es recordar en que consiste el evangelio, renovar su entendimiento según el principio de Romanos 12:1-2 y contextualizar el mensaje de Cristo a su propio tiempo y público objetivo.

Cuando como seres humanos recordamos quién es Dios y sus grandes obras en nuestra vida, y como él se mueve constantemente en la vida de otras personas hacemos un ejercicio importante de llevar nuestro corazón al origen de su transformación y tomar conciencia que tenemos un Salvador que es la fuente de inspiración no solo en lo musical sino que en todas las áreas de nuestra vida.

El recordar es una herramienta importantísima que el Espíritu Santo usa para traer la palabra de Dios a nuestra boca. La Biblia misma da cuenta de su inspiración (2 Timoteo 3:16) y un ejemplo concreto son los mismos evangelios, los cuales fueron escritos en base a recuerdos de experiencia de vida. Marcos, quién no fue testigo ocular del ministerio de Jesús le preguntó a Pedro su experiencia de vida ¿qué hizo este? Recordó y Marcos registró. Luego tenemos a Mateo, quien sí estuvo presente el ministerio de Jesús y recordó su experiencia, pero de igual forma recurrió a otros para que le contasen aquellos episodios en los cuales no estuvo presente. Lucas quien hizo un trabajo de investigación exhaustivo de la vida y ministerio de Jesús recurriendo a testigos claves para la elaboración de su evangelio y finalmente a Juan quien recordó momentos y palabras muy íntimas por parte del Maestro. El mecanismo usado fue el recordar  - ¿y entonces donde entra la inspiración en todo esto? Si no fuera por la inspiración del Espíritu Santo no tendríamos datos tan certeros, complementarios y significativos de la vida y ministerio de Cristo. Es fácil para el ser humano olvidar detalles importantes de ciertas experiencias de vida, pero en este caso no fue así porque cuando estos hombres se dispusieron a recordar su experiencia de vida con Cristo, Dios inspira nuestra mente y corazón para expresar aquello que lo glorifique a él y muestre claramente a su hijo Jesucristo. ¿Te imaginas usar este mismo método bíblico antes componer una sencilla canción: recordar, luego buscar en las Escrituras y finalmente registrar? – Por supuesto esto no es algo tan mecánico, ya que el compositor cristiano se puede encontrar leyendo su Biblia primero mientras recuerda alguna experiencia de vida que luego podría plasmar en una nueva canción o en medio de alguna circunstancia de vida recordar algunos pasajes de la Palabra de Dios y con el tiempo crear una canción. Sin importar el orden de cómo se den, los fundamentos siguen siendo los mismos: recordar, La Palabra de Dios y la inspiración del Espíritu Santo.

¿Por qué estos tres fundamentos? Porque explican todo.

¿Por qué encontramos canciones que musicalmente no son una gran producción musical pero son sumamente significativas para sus oyentes y son de edificación? Porque cuando el Espíritu Santo inspira, lo hace de manera sencilla y profunda a la vez.

¿Por qué recordamos algunas letras de canciones con mayor facilidad y entendemos mejor su mensaje que otras? Porque está presente la Palabra de Dios y sus principios.

Esdras, ante la reconstrucción de las murallas de Jerusalén hizo un ejercicio muy sencillo, comenzó a leer la Palabra de Dios y todo el mundo lloró y fue impactado por ella. La Palabra de Dios es poderosa no porque la interpretemos, sino porque ella por sí misma es la misma voz de Dios hablando a nuestro corazones.

¿Por qué hay canciones con las cuales nos identificamos más fácilmente? Porque cuando el compositor recordó alguna experiencia de vida personal nos situó en un plano en común en donde el mensaje del evangelio cobra contexto y nos hace ser parte de ese momento, ya sea que estemos viviendo ese momento o no. Las experiencias de vida son un vehículo poderoso en donde vemos la mano de Dios obrando fielmente en nosotros.

Begoña Sánchez JiménezESCRITO POR CRISTIAN LOBOS
Padre y esposo. Profesor de Filosofía, compositor y músico. Encargado del discipulado en Iglesia En Tu Ciudad, Quillota, Chile.