SOMOS SIERVOS, NO SOMOS ESTRELLAS DE ROCK



Hace algún tiempo participamos, junto a Adorándote, en una tarde de alabanza, donde diversos grupos compartían su música.

En un momento, uno de lo que estaba cantando comenzó a decir a los presente, en su mayoría gente ligada a grupos de alabanza, que Dios tenía grandes planes para nosotros, que grabaríamos discos, que seríamos conocidos internacionalmente, que veía estadios llenos de gente preparados, que viajaríamos por el mundo impactando a las naciones con nuestras canciones, que grabaríamos videoclips y un sin fin de ideas por el estilo.

No puedo poner en duda la sinceridad con que esta persona hacia tales declaraciones, pero tampoco pude dejar de reflexionar en la pregunta ¿y si nada de esto pasa?

Hoy vivimos en una época donde el exitismo ha entrado también a la Iglesia. Una congregación mide su éxito en la cantidad de personas que asisten a las reuniones, en la infraestructura que poseen, en la visibilidad que se tiene en redes sociales, si aparece o no en televisión, etc. No se mide con respecto a la palabra sino que la vara está dada por lo que la sociedad considera exitoso.
Eso también ha impregnado a la juventud, y en este caso, a los que están ligados a los grupos de alabanza. El acceso a los medios musicales, sumado al crecimiento de la exposición en redes sociales, ha generado en nosotros la idea de que es posible que aquellas frases de éxito, recitadas en aquella tarde de alabanza, sean posibles.

Y es aquí donde entramos a la angosta línea de las motivaciones:

¿Qué es lo que te impulsa a grabar un disco?, ¿Qué quieres lograr al compartir un vídeo de tus canciones en redes sociales?, ¿Por qué ese estilo musical?, ¿Qué pasa si nadie escucha tus discos, ni ve tus vídeos?, ¿Qué pasaría si nunca tienes “éxito” como cantante?

Es este el gran problema, las luces nos han cegado, los elogios nos han confundido, los likes nos han desorientado. Debemos recordar que hemos sido creados para la gloria de Dios y para deleitarnos eternamente en Él. No se trata de nosotros sino de Dios, recordemos la actitud del Señor al que adoramos, “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo” (Fil 2:6-7).

Debemos morir a nuestros proyectos y sueños, debemos estar dispuestos a negarnos en todo sentido por nuestro Dios. Recordemos que somos siervos del Señor y que buscamos que Él sea glorificado, en cualquier contexto, sea frente a miles de personas o domingo tras domingo cantando junto a una congregación de cinco personas.

No necesitamos que nuestros discos brillen, sino que la luz de Cristo resplandezca. No necesitamos estrellas de rock, sino siervos de Dios y esclavos de Cristo.
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ESCRITO POR:
Jean Paul, pertenece a la Iglesia Cristiana Fuente De Restauración (en Santiago de Chile). Nació en 1987 y a los nueve años fue alcanzado por la mano del Señor. Forma parte del equipo de alabanza Adorándote donde es guitarra y voz.