7 RAZONES PARA NO LLAMAR A LOS MÚSICOS DE LA IGLESIA DE LEVITAS


Sé que este asunto ya fue discutido muchas veces y que, probablemente este texto no diga nada nuevo para muchos hermanos. Simplemente he querido recopilar algunas de las mejores razones para no usar la expresión “levita” para designar a las personas que tocan y cantan en el “período de alabanza”. Y aunque tú no uses ese término, te propongo leer por el placer de ver la historia de la salvación en la figura del sacerdote.


1) No todos los levitas eran músicos
La Biblia relata, ciertamente, que existían levitas que trabajaban en la música en Israel. Vemos coros y bandas formadas por miembros de la tribu de Leví , con dedicación exclusiva para ese ministerio. Pero también leemos que los levitas cuidaban de otras actividades del culto, como el sacrificio, tareas administrativas y operacionales.
Sé que algunos defensores de la expresión “levita” saben de esto. Pero aún así se ha preferido obviar las otras funciones asociadas al ministerio levítico y concentrarse apenas en esa. ¿Por qué?
Algunos creen que es por el “estrellismo” de los músicos, pero prefiero pensar que hay un motivo más profundo, como la valorización medieval de funciones “sagradas” en desmedro de funciones “seculares”. Barrer el piso, organizar el culto, cargar cosas puede hacerlo cualquier pelagato. Adorar, sólo lo pueden hacer los levitas. ¡Cuanta ignorancia! Tanto el que administra como el que barre debería glorificar a Dios en su función.

2) El llamado levítico, originalmente, envolvia a toda la humanidad
Uno de los asuntos más interesantes de la Biblia es la teología del lugar de adoración. Cuando Adán y Eva fueron creados, recibieron un llamado a glorificar a Dios por medio de su relación de pareja, la procreación, el dominio sobre la naturaleza y el descanso en el séptimo día. Y ellos fueron colocados en un jardín donde podrían adorar al Creador y ejercer la función de guardar y cuidar el huerto.
Algo que pasa inadvertido por la mayoría de los cristianos es que Moisés y otros autores bíblicos repitieron ciertas expresiones y símbolos sobre el jardín del Edén cuando, más adelante, hablaron del tabernáculo y el templo. O sea, el Edén eta un templo que debería ser guardado por los primeros “levitas”: Adán y Eva. El término “Labrar y Guardar” (Gn.2.15) es el mismo usado para las funciones de los levitas en Números 3.7-8; 8.26 y 18.5-6. El llamado de adoración y cuidado con el templo es un llamado general, dado a nuestros primeros padres, así como el casamiento, la familia, el trabajo y el descanso.
“Si el Edén es visto como un santuario ideal, entonces tal vez Adán debiese ser descrito como un levita”  (Gordon J. Wenham)

3) El levita tenía un papel de mediador, asumido por Cristo
Como ungidos del Señor, los levitas tenían el papel de mediar entre Yahweh y el pueblo de Israel. Ellos no eran simplemente personas que “ministraban la adoración” para la congregación. Hay cierta relación, pero los sacerdotes hacían mucho más.
Como mediadores, ellos ejercían el papel de representar a Dios para el pueblo y al pueblo ante Dios. Es por eso que este era un cargo de extrema importancia y peligro. Si el levita llegaba contaminado a la presencia de Dios, estaba diciendo que la nación estaba en pecado. Si llegaba sucio, era una blasfemia. No sólo realizaban el culto, sino que hacían el culto posible.
Hoy, ese papel es cumplido perfectamente por nuestro Gran Sumo Sacerdote Jesús. Como perfecto Dios y perfecto hombre, él se puede posicionar como representante de Yahweh delante del pueblo y representante de la iglesia delante de Dios. Como afirma el apóstol “hay un sólo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1a Timoteo 2.5). Así, el ministro de alabanza hoy es meramente un dependiente del verdadero mediador, aquél que hace posible el culto: Jesús.

4) Jesus no es representante del sacerdocio levítico
A pesar de haber sido sacerdote, Jesús no puede ser considerado un levita. Un motivo es netamente biológico: él no era descendiente de Leví, sino de Judá. Cómo es, entonces, que asumió una función sacerdotal? El segundo motivo es teológico. El autor de Hebreos nos enseña que Jesús es sacerdote, según la orden de Melquisedec (Hb  5.10).
El salmo 110 (no sin motivo el texto del AT que es más citado en el NT) nos habla de un rey – sacerdote que se sentaría en el trono de David. De hecho, el propio David cumplió ciertas funciones sacerdotales, sin ser realmente un levita. ¿Cómo es posible eso? Sucede porque ese sacerdote es de la misma orden de un misterioso personaje de Génesis 14, un Rey de Salém (nótese que la palabra termina igual que Jerusalém) llamado Melquisedec.
Ese personaje, por estar envuelto en tanto misterio, es considerado una figura de Cristo. Él era “sin padre, sin madre, sin genealogía, no teniendo principio de días ni fin de vida, pero siendo hecho semejante al Hijo de Dios” (Hb 7.3) y tanto Rey de justicia como de paz (7.2). Así, valorar en demasía el sacerdocio levítico nos lleva a renegar una orden superior: la de Melquisedec (Hb 7.11).

5) La nueva alianza, de la cual hacemos parte, caducó el sacerdocio levítico.
El autor de Hebreos va más allá y dice que el sacerdocio de la orden de Aarón fue revocado. Ante la superioridad de un sacerdote que es eterno (Hb 7.24), mediador de una Alianza  superior (Hb 8.6), concluye que el sistema anterior era débil y no se podía perfeccionar (7.18,19).
Usando el relato sobre Abraham y Melquisedec, el autor de Hebreos muestra que, cuando el Patriarca entregó sus diezmos al Rey de Salém, estaba ahí comprobado que el sacerdocio levítico era inferior al sacerdocio de Jesús. ¿Cómo así? El explica que la tribu de Leví era responsable por el reconocimiento del diezmo en el antiguo Israel. Pero, ¿qué vemos en Génesis? ¡Un antepasado de los levitas entregando sus diezmos y siendo bendecido por otro sacerdote! Como sabemos, solamente le mayor puede bendecir al menor (7.7).
Así, después de esa interpretación poco usual (pero inspirada), el autor de Hebreos concluye “Cuando Dios habla de un «nuevo» pacto, quiere decir que ha hecho obsoleto al primero, el cual ha caducado y pronto desaparecerá” (8.13).
Por lo tanto, hacer referencia de esta investidura en nuestros cultos, es desconocer el sacerdocio perfecto (8.2).

6) En Cristo, todos somos sacerdotes
Unidos a Cristo, somos tratados como portadores de su perfecta vida de obediencia y, así, poder ser considerados sacerdotes. Uno de los llamados de Israel era ser un reino de sacerdotes (Éx 19.6). Pedro aplica esa expresión a la Iglesia y afirma que somos sacerdocio real (1 Pe 2.9).
Todos los creyentes somos llamados a adorar y ofrecer sacrificios (Rm 12.1), no sólo un grupo “especial” de personas. Eso es lo que llamamos un sacerdocio universal de los creyentes.

7) Crea una división entre creyentes “levitas” y “no-levitas”
La última razón es más práctica que teológica. EN muchas iglesias esa separación entre “ministros de alabanza” y la congregación genera una peligrosa clasificación de “espiritualidad”. Eso puede ser fatal.
Eso no coloca a los cantantes y músicos en una posición diferente, como alguien más consagrado, foco de ataques del enemigo, etcétera. Tanto los pastores como músicos y “laicos” son aceptos delante de Dios sólo por medio de la fe en Cristo. Sólo por medio de él, todos (con cargo o sin cargo) somos aceptados delante de Dios.
Al mismo tiempo, los músicos y cantantes deben estar atentos de no caer. Necesitan recordar constantemente que la cruz de Cristo es la que nivela todo. En Cristo, no en Leví.

En Cristo, no en Leví, todos somos templo, sacrificio y sacerdotes. Si Dios nos unió así, ¿por qué insistimos en separar el cuerpo con títulos?

ESCRITO POR
JANO MOLINA miembro y parte del equipo pastoral de Iglesia Uno (IPCH), en Santiago de Chile. Misionero de Steiger Chile